Hoy vamos a continuar nuestra serie de ciencia con un articulo sobre un animal de todos conocido, pero por todos denostado, por lo cual no se hace hincapié en un estudio cientí­fico de su morfologí­a, hábitos y costumbres. Nos referimos a la mosca cojonera.

Las primeras referencias documentadas de este animal datan de principios de un siglo y finales del otro cuando Don Saturnino Blázquez y Montado de Horcajadas, labrador de la muy leal y noble villa de Miguelturra, entró, tras finalizar su dura jornada de siega en el páramo castellano-manchego, en el bar del que era asiduo y comento a sus paisanos y contertulios, como durante las calurosas horas centrales del dí­a, y en el transcurrir de unos minutos de somnolencia (que por estos lares denominan “sesteo”), vio perturbado su reparador descanso por el ataque furibundo de un pequeño animal que pareció salir de la nada, y que insistentemente sobrevolaba su cabeza y se paraba en cualquier parte desnuda de su cuerpo produciéndole una sensación desagradable, por lo que no pudo conciliar el sueño. Rápidamente, y a modo de leyenda urbana, se propagó dicha historia, pero cada uno de los que la oí­an en los siguientes dí­as sufrí­an asimismo el ataque de aquel animal, pequeño esquivo y molesto.

Los naturalistas de los siglos siguientes jamás hacen referencia a este ejemplar en particular, y hablan en términos generales de la mosca como animal dí­ptero, pero que engloba a una gran cantidad de especimenes individualizables que no son estudiados en profundidad. Solo conocemos un  tipo de mosca que sea independizada del genero moscae, nos referimos a la mosca del vinagre, cuya principal particularidad es su carácter avinagrado, agrio, hosco, rallando en la altanerí­a y sinvergonzeria más deplorable, es una mosca que no se le conocen relaciones con su especie salvo para la reproducción y siempre con un marcado carácter despectivo hacia su pareja, vamos un bicho antisocial.

La mosca cojonera, en cambio, no se estudió nunca, por lo que desde el CSI (Center of Science Infuse), programamos una expedición a los adustos paramos castellano-manchegos en pos de localizar este espécimen, gracias a la financiación lograda por un crédito del banco de esperma de Villaviciosa del Orgasmo, pudimos dotar a esta expedición de los mas modernos  medios técnicos, humanos y materiales. Compramos en el desguace un Seat Panda al que le acoplamos un ventilador en el salpicadero para poder atravesar durante las calurosas horas centrales del estiaje los paramos inhóspitos, cargamos en el maletero, dos tripas de salchichón y cuatro barras de pan para el avituallamiento del equipo, y dos matamoscas para poder atrapar los especimenes objeto de estudio.

Esperamos agazapados tras una viña a la llegada de algún ejemplar, por lo cual estábamos alerta, pero no se acercaban, el tedio y el cansancio hizo mella en el equipo y poco a poco todos fuimos cayendo presa de un profundo sopor, momento en el que cuatro ejemplares de mosca cojonera hicieron su aparición atacando a los miembros de la expedición desde varios frentes e impidiendo que pudiéramos conciliar el sueño. Pero el fin que nos llevó allí­ se vio cumplido y atrapamos varios ejemplares adultos y un adolescente  como delataba el acné de su faz.

Una vez estudiados en profundidad en los laboratorios del CSI (Center of Science Infuse), realizamos la siguiente ficha técnica y clasificación taxonómica que ponemos a disposición de todos.

(AVISO: la lectura y uso de los datos que a continuación se exponen no generan derechos de pago a la SGAE).

Nombre vulgar: mosca cojonera

Nombre cientí­fico: moscae cojoncianus

Orden: Dí­ptero

Genero: moscae

Color: negro, se han encontrado ejemplares con matices irisados verdes,  (mosca cojonera verde o simplemente mosca verde) pero nunca se encontró ejemplares con matices fucsia, por lo que nos induce a pensar que no son inmunes a este color, creando en ellas una reacción alérgica que les ocasiona la muerte al nacer.

Dimorfismo sexual: A simple vista no se reconoce el macho de la hembra, por lo que deberemos proceder del siguiente modo: bajo la axila de la segunda pata trasera derecha ejerceremos un movimiento de vaiven para producirle cosquillas. Una vez realizada esta maniobra observaremos lo siguiente: si se pone contento es macho y si se pone contenta es hembra.

Hábitat: páramo y llanuras, aunque también gusta de refugiarse en hogares domésticos.

Se han descrito avistamientos de ejemplares en Andalucí­a, Extremadura, Aragón y regiones costeras.

Costumbres: de costumbres diurnas, y más activa entre las 15:00 y las 18:00 horas. Todo indica que asimismo tienen costumbres migratorias, ya que en invierno apenas existen ejemplares.

Al contrario que el resto de moscas, estas viven varios años, pues si no, de otro modo, no se puede entender que existan ejemplares que alcancen tamaño similar al botón de la casaca de un alabardero húngaro.

Alimentación: Se estima que comen de todo, si no, como se ponen tan gordas las “jodias”.

Otros datos (el ataque de la mosca cojonera): Tras su acercamiento y ataque a los humanos, estos comienzan por responder con movimientos estertóreos de las extremidades en un afán, de evitar el contacto, también se observan impulsos reflejos a hacer palmas en el aire en estériles intentos de atraparlas al vuelo.

Siempre ataca cuando el ser humano se encuentra en reposo, por lo que para evitar su ataque hay que permanecer activo.

Tienen impulsos suicidas, ya que también atacan a mamí­feros de gran porte y rumiantes, pero a estos la naturaleza los dotó de rabo, con el cual matan moscas (tolón tolón (1)) por lo que no se acaba de comprender el ansí­a cansina que les lleva a acercarse a estos animales.

(1), ADVERTENCIA: tolón tolón, no se lea estas dos palabras con ritmo, so pena de pago de derechos a la SGAE