Ayyy, Sinde, ayyy gobierno…

Seguimos anclados en un estúpido sistema democrático. ¡¿Qué frase más fuerte no?. No me pongo ni colorado al decirla. Este sistema falla por todos lados. Y no falla por que sea una democracia, que también influye, sino por la conjunción de lo que hace años se llamaba consumismo y ahora se llama calidad de vida. Lo que los ‘rojos’ de antes vilipendiaban  y los ‘rojos’ de ahora disfrutan…

Y no es culpa de los gobiernos, es exclusivamente culpa de la socidedad, culpa nuestra, culpa del borreguismo y la ignorancia. Culpa del apotronamiento, del sofacismo, del zappincismo.

La misma culpa de que la televisión de hoy sea una mierda, que lo es, pero lo es porque nos gusta que lo sea. Lo es porque la gente la ve. Quiere ver a Kikos enfrentarse a Lidyas (o donde se quiera poner la ‘y’), quiere ver en la caja tonta las miserias finjidas (sí­, todo tiene guión) de una generación de ni-nis o de snobs que por cuatro duros y la fama (¿no valí­a con los famosos 15 minutos de fama?) son capaces de vender su cara.

Y el problema, y la culpa, reside en esa gente, no como individuos, sino como masa, que su máximo pensamiento en esta vida es qué camiseta ajustada se pondrán mañana, o si habrá alguien en la peluquerí­a o en la oficina para  hablar de lo fuerte que es que a la Esteban se le esté callendo la cara a cachos ví­ctima de esa venta corporal a la masa. La culpa es de esa gente que piensa que la macroeconomí­a es algo de otras esferas, que la crisis pasará por sí­ misma, que muy pronto podrán volver a pedir un crédito, porque los bancos volverán a soltar la pasta, para cambiar el BMW por un Mercedes, para restregar por las caras de los vecinos su opulencia, mientra en el salón de su casa tienen un sofá y una mesa de Ikea. Da igual, lo importante es de puertas para afuera.

Toda esta gente, cada cuatro años, gracias a la democracia, tiene la opción de votar. Toda esta gente, al menos una parte de ella, se siente muy orgullosa, cuando las cosas van mal, de cambiar su voto con respecto a hace cuatro años, para castigar a los que lo han hecho mal, a los que han traicionado su confianza del voto. Pero… no cambia nada. En este paí­s, y en la inmensa mayorí­a de los paí­ses llamados occidentales, no cambia nada. Todo da igual. Da igual que gobierne la derecha o la izquierda, los rojos o los fascistas, da lo mismo, porque son lo mismo.

¿Y a quién voy a votar? ¿A Izquierda Unida?. Me la pela. Vota a quien quieras, vota en blanco, quedate en el sofá, a mí­ no me importa, porque no creo en el sistema. No creo que este debate de la ley Sinde no se pudiera haber llamado ley Rajoy o ley Camps (aunque en este último caso, con cada corte de adsl regalarí­an un traje italiano). No cambia nada porque todos jugamos a ese gran monopoly llamado sistema. Todos publicamos en nuestros blogs nuestras quejas, todos las comentamos en los bares, en las peluquerí­as, en las oficinas y después… para casa, a la cama que mañana tocan otras ocho horas de trabajo.

No os equivoquéis, la ley Sinde no va contra la libertad de expresión. La ley Sinde no pretende cohartar la opinión de nadie. Eso es simplemente un daño colatera. Para muestra un botón:

Yo no me lucro con este blog. No perjudico a la SGAE, no genero ingresos ni se los resto a nadie, por tanto, me puedo cagar en la madre que parió a todos los polí­ticos de este paí­s, incluso de los buenos, que los hay. No se puede ser más explí­cito. Y no me van a cerrar el blog… Qué curioso…

Corramos a Mediamarkt o a El Corte Inglés. Corramos a la BMW o al Zara. Compremos, compremos, compremos y no perjudiquemos a otros, todo irá bien. No va a pasar nada, no va a cambiar nada. Mamamos esta forma de vida desde que nacemos, no hay alternativa, al menos aquí­…

¿Desmoralizador?

No creáis, siempre habrá foros de opinión, hoy en dí­a internet es el más importante y aun es libre. No penséis, como pienso yo, que no tiene arreglo. Hay gente que todaví­a confí­a en la gente, en el poder de la masa…

Y la masa se mueve con opiniones. A veces tarda, a veces tarda mucho, pero si abres cualquier libro de historia, por casi cualquier página, te das cuenta de que SIEMPRE funciona.

Opinemos, revolvamos, molestemos…