La movilidad del ciudadano en todas las ciudades del mundo mundial, a partir de una población de aprox. 100.000 habitantes, se ha convertido en los últimos años en un problema acuciante para los dirigentes de dichos municipios.

Esta problematica ha suscitado desde hace ya algún tiempo el debate de transporte público vs transporte privado, desde las más diversos aspectos sociales, culturales e incluso cientificos, en cuestiónes medioambientales.

Sandeces, como revista de divulgación cientifico infusa, no puede por más tiempo permanecer al margen de este debate, y hoy nos vamos a centrar en sus aspectos medioambientales. No pretendemos posicionarnos en ninguna de las dos opciones, ya que la elección es personal e instranferible, y cada uno, previo analisis de todos los datos que maneja, hará uso de un medio u otro de transporte.

Desde el punto de vista medioambiental y bajo el analisis de la ciencia infusa, el CSI (Center of Science Infuse), ha realizado el siguiente analisis:

El Transporte público genera un mayor consumo de agua. Al usar este medio de transporte, los ciudadanos se ven obligados,  a abundar e incluso

extremar su higiene personal, no pudiendo pasar por alto la ducha diaria, so pena de que al asirse a la barra de techo del autobus, tren, metro, etc. los efluvios de la parte interior de la articulación superior de las extremidades superiores molesten al resto de usuarios. En otras palabras, y como el profesor Losko Jones prefiere denominarlo, que le «canta el aleron» a «cacá chanel» del 10.

El Transporte privado, incrementa la emanación de gases «efecto invernadero», ademas de los gases expulsados por los tubos de escape de los automoviles particulares (CO2, NOx, etc), nadie se priva en su propio vehiculo particular de expeler gases intestinales (vease sintesis de peptidos) procedentes de la ingesta de alimentos ricos en propiedades aerofagicas. Esto no ocurre en el transporte publico, donde por miedo y/o/u temor al rechazo social lo aguantaremos en nuestro interior siendo reconducido hacia el interior de nuestro propio aparato digestivo.

El Transporte privado incrementa la contaminación visual y acustica. Recordemos para ello los «coches tuneados», cada vez más abundantes en la

geografia urbana, con sus colores «chillones» e hirientes a los organos visuales, asi como la incorporación de un exceso de watios de sonido en ritmos hipnoticos y machacantes que acaban por dañar la sensiblidad del aparato auditivo más resistente.

Miles de animales mueren para fomento del transporte privado. Cada dí­a más los ciudadanos «gustan» de tener en el interior de sus vehí­culos tapicerias de cuero procedente de la piel de vacuno, en cambio en el transporte público se halla generalizado el uso del aseptico plastico inyectado.

El Transporte público fomenta la diversidad y rompe con la monotoní­a. Cada vez que nos introducimos en nuestro vehiculo particular tenemos la misma visión, (la fotografia de la esposa y los niños, con el consabido rotulo «Papa no corras», la estampita de San Cristobal porque la suegra cree que el santo te guiará por buena ruta, el dado de goma espuma para que nos dé suerte, etc), en cambio cada vez que subimos a un autobus, obtenemos una visión diferente, no siempre va el mismo «yonqui», no siempre va la misma «tia buena» (aunque esta prefeririamos que siempre fuera), e incluso no siempre va el mismo conductor.

El Transporte público fomenta la salud. Hacemos deporte (corriendo)cuando vemos que el autobus está en la parada a punto de iniciar su marcha y no queremos esperar al próximo. Dentro del autobus no se puede fumar, lo cual desde el punto de vista sanitario es plausible, Sandeces propone para esta realidad el siguiente slogan:

«Es un hecho, que diez minutos en autobus, un cigarrito menos para el pecho».

Con estos argumentos queremos conseguir que todos aquellos amantes de la ciencia infusa tengan elementos de juicio para valorar sus posiciones en el debate social sobre la movilidad.