Como leemos en 20minutos.es, un estudio cientí­fico (ortodoxo) señala que las regiones cerebrales que se activan cuando tratamos temas religiosos, concretamente, sobre la figura de Dios, son las mismas regiones que trabajan cuando nos referimos a cualquier persona humana.

Bien, en el CSI no hemos podido quedarnos parados y hemos abierto una investigación sobre el tema, que sin duda ha arrojado resultados impresionantes:

Sometemos al Profesor Mentalis, en primera instancia, al primero de los experimentos. Tras colocar en su cráneo los sensores pertienentes del escáner, le pedimos que piense en un bocadillo de panceta. Sin mucho esfuerzo, el profesor logra dibujar en su mente dicho elemento, exclamando en dicho momento: «Dios que pinta».

Bien, como era de esperar, localizamos la zona activa del cerebro en el momento de pronunciar la pabra «Dios». Curiosamente, y por asimilación infusa de ideas, la zona activa es la misma que la que se activó en el momento de pensar en el objeto. Por tanto, desde el CSI podemos afirmar que «La región del cerebro que trabaja al pensar en Dios es exactamente la misma que se activa al pensar en un bocadillo de panceta».

No conformes con esta primera experiencia, el Doctor Tanen se ofreció voluntario para una segunda prueba. Sometemos en esta ocasión al ‘cobaya’  a una prueba diferente. Sentámosle frente a un monitor. En este, proyectamos imágenes de una elegante mujer de conciencia distraí­da. El ví­deo se desarrolla y la mujer realiza un baile sensual.

No era extraña la reacción del Dr. Tanen. Su expresión: «¡Madre de Dios!». Nuevamente, registramos los datos de los sensores al pronunciar la palabra y podemos constatar que «La región del cerebro que trabaja al pensar en Dios es exáctamente la misma que se activa al percibir sensualidad y, por tanto, excitación».

Desconcertados por estos nuevos resultados decidimos repetir la experiencia desde un nuevo enfoque. En esta ocasión, el Pr. Jones se somete al estudio.

El Pr. Mentalis y el Dr. Tanen preparan la experiencia en una habitación a parte. Acto seguido, el Pr. Jones entra en la habitación y se situa delante de un piano de cola. Se le colocan los sensores del escaner y se le invita a tocar dicho piano.
Repentinamente, el Dr. Tanen cierra bruscamente la tapa del mismo. La exclamación del Pr. Jones en dicho instante fue: «¡Me cago en Dios!». Afirmamos pues que «La región del cerebro que trabaja al pensar en Dios es exactamente la misma que se activa al ser bruscamente herido contusamente y, por ende, blasfemar».

Constatamos de esta manera una conclusión y formulamos, por tanto, el «Teorema de la omnipresencia cerebral de Dios» que reza:

«Se cumple cientí­ficoinfusamente la omnipresencia de Dios en la cavidad craneal en cualquier forma tiempo y lugar dado cualquier sentimiento, percepción, reacción y pensamiento que vincule a cualquiera de estos con la figura, imágen o idea de Dios».