Nanotecnólogos

Nuestro segundo premiado, un señor de gafas y notable alegrí­a, nació en Nueva York (New York), Estados Unidos (United States of America) en 1949. Hijo de una familia adinerada, no terminó C.O.U. y realizó una F.P. de guitarrista de metro.

Pronto se hizo un nombre en el suburbano de Nueva York, por desgracia, no recordamos ese nombre. Su prodigiosa carrera musical se vió truncada por el servicio militar obligatorio (S.M.O.) lo que le llevó a caer en una gran depresión (G.D.).

Al volver de Vietnam decidió dar un vuelco a su vida; decide retomar sus estudios y tras finalizar la enseñanza de instituto se matricula en la Universidad de Carolina Herrera (U.C.H.) donde comienza sus estudios de Fí­sica, Quí­mica, Ingenierí­a Industrial y Derecho. Obviamente no terminó ninguna de esas carreras, pero en sus largas horas de meditación en las cafeterí­as de las facultades consiguió formular (y escribir) los siguientes tratados:

  1. «Oh, Wendoline, cuanto te quiero»
  2. «Dos es más que uno»
  3. «De perdidos, al trí­o»

El dictámen de los premios se firmó en la Facultad de Pedagogí­a de la Universidad de Oviedo (Illinois) lugar en el que curiosamente se encontraba nuestro protagonista. Tras dejar su bolí­grafo (BIC) a los miembros del jurado y estos agradecérselo nuestro hombre contestó: «Na, no, de nada». Obviamente este risueño estudiante era merecedor del galardón.

Al conocer su fallo, alegó: «No sé por qué me dan este premio, pero el Teatro Campoamor tiene una cafeterí­a cojonuda!».